Buen viento y buena mar, presidente

Colombia inicia un nuevo gobierno con retos en seguridad, salud, economía y confianza institucional. Una reflexión sobre el rumbo que necesita el país.

8/3/20262 min leer

Buen viento y buena mar, presidente
Buen viento y buena mar, presidente

El próximo siete de agosto se inicia un nuevo periodo presidencial en Colombia, en medio de una marcada polarización, graves problemas de seguridad, una crisis en el sector salud, el deterioro de las finanzas públicas, un bajo crecimiento económico y una pérdida de confianza en las instituciones del Estado. Un panorama complejo, dirían los más escépticos, pero precisamente en la capacidad de transformar esa realidad radica el éxito de un mandatario.

Para afrontar este reto, el presidente De la Espriella ha conformado un variado grupo de ciudadanos. Se trata, según ha manifestado, de personas con experiencia, sin señalamientos de corrupción y con un firme compromiso con los valores democráticos, cualidades indispensables para enfrentar la crisis que atraviesa el país.

Del trabajo coordinado, disciplinado, serio y honesto de ese equipo dependerá, en buena medida, el éxito del gobierno y, con él, el rumbo de Colombia. Más allá de las individualidades, será el trabajo conjunto el que permita construir soluciones a los problemas que enfrentamos, dejando de lado los egos y los intereses particulares.

Colombia necesita un cambio profundo en la manera de hacer política. La corrupción, origen de múltiples problemas y una de las principales causas de las debilidades institucionales del país, debe ser erradicada de las prácticas cotidianas del ejercicio público.

En ese propósito, enfrentar un Congreso históricamente marcado por prácticas clientelistas y corruptas será uno de los mayores desafíos. Dignificar el servicio público con cada decisión y cada acción debe convertirse en una prioridad permanente si se quiere recuperar la confianza de los ciudadanos.

No existe mejor camino para superar la polarización que un ejercicio de gobierno eficiente, transparente y cercano a la gente. Los hechos pesan más que los discursos, y son esos estos los que deben marcar una senda de transformación y reconciliación.

Colombia, más allá de los odios y las diferencias, debe conservar la esperanza y desear que al gobierno que comienza le vaya bien. Son tantas las necesidades y los desafíos que enfrentamos que solo encontrando un propósito común, uno que nos una como nación por encima de nuestras diferencias y en el que cada ciudadano aporte lo mejor de sí mismo, podremos avanzar hacia un país más próspero, justo y en paz.

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