Cuando lo necesario se vuelve urgente
El Huila necesita terminar obras estratégicas de salud, pero un nuevo empréstito por $80 mil millones obliga a discutir cómo cubrirlas sin comprometer la capacidad financiera futura del Departamento. Crédito, regalías y recursos propios deben evaluarse con responsabilidad y visión de largo plazo.
Rodrigo Lara Sánchez
9/7/20262 min leer


Una de las herramientas con las que cuentan los gobiernos para atender las necesidades de sus comunidades es el empréstito público. Estos recursos son pagados, generalmente, por los gobiernos siguientes, dada la estructura del préstamo, que suele incluir unos años de gracia antes de iniciar su amortización, claro está, con sus respectivos intereses.
Actualmente, el acceso al crédito resulta costoso, debido a la situación económica que vive el país. Basta mencionar que, por los créditos actualmente vigentes, el Departamento y, en últimas, el bolsillo de los huilenses terminarán pagando cerca de un 63 % más en intereses, recursos que representan 168 mil millones de pesos menos para obras que dejará de ver el Huila. Con ellos se podrían realizar múltiples proyectos necesarios, como vías, centros de salud, escuelas, acueductos, alcantarillados y otras obras que apalanquen el desarrollo del departamento.
Por eso, el llamado al Gobierno Departamental es a recomponer el actual proyecto de un nuevo endeudamiento que cursa en la Asamblea por 80 mil millones de pesos. El proyecto tuvo trámite favorable, aunque condicionado, en la Comisión Primera, debido a la urgencia que conlleva terminar algunas obras que se adelantan actualmente, como la terminación del Hospital de Garzón, la dotación de la Torre Materno Infantil del Hospital Universitario Hernando Moncaleano Perdomo de Neiva y la ampliación del servicio de urgencias del Hospital de Pitalito.
Es clara la necesidad y urgencia de terminar, adelantar y poner al servicio de los huilenses estas obras, enfocadas en su bienestar. Esto merece ser considerado dentro del estudio del empréstito.
Las otras obras podrían ser adelantadas con otras fuentes de financiación con las que cuenta el Departamento, como los recursos de regalías que recibe actualmente, en cuyas cuentas reposan miles de millones de pesos, a la espera de ser aprobados mediante la presentación de proyectos.
No se trata de oponerse al desarrollo. Se requiere responsabilidad en la gestión de las finanzas públicas. Un nuevo préstamo de esa dimensión dejaría al Departamento sin un margen significativo de acción crediticia a futuro, al menos durante los próximos seis años.
Si se presenta una disminución en los ingresos, como la que, por ejemplo, se prevé en el sector de los licores, podría verse afectada la capacidad de pago y, con ella, la estabilidad financiera de la que ha gozado el Departamento en el manejo de sus finanzas.
La discusión, entonces, no debe centrarse únicamente en si las obras son necesarias —porque muchas de ellas, sin duda, lo son—, sino en determinar cuáles deben financiarse mediante crédito y cuáles pueden ejecutarse con recursos propios o con otras fuentes de financiación. Lo urgente no puede llevarnos a comprometer la capacidad de respuesta del Departamento durante los próximos años.
La responsabilidad también es una forma de construir desarrollo. Y cuando lo necesario se vuelve urgente, más que nunca se requiere tomar decisiones con visión de futuro.
