Defender la democracia

La democracia es imperfecta, pero sigue siendo el mejor camino para elegir, debatir y construir país con responsabilidad ciudadana.

6/1/20262 min leer

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Aunque imperfecta, no existe un modelo mejor de gobierno que la democracia. A pesar de sus debilidades, hoy, en medio de una avalancha de información que nos llega a través de las redes sociales y de la hiperconectividad, saturada de mentiras y verdades a medias, existe el riesgo de que el populismo, y no la razón, prime a la hora de elegir.

Por eso Sócrates argumentaba que gobernar requería conocimiento experto y que el voto libre no garantizaba la verdad, pues dejaba en manos de un pueblo sin educación suficiente y vulnerable a la demagogia la responsabilidad de elegir. El riesgo era dejarse seducir por charlatanes y poner, sin plena conciencia, a un capitán inexperto a conducir el barco en medio de una tormenta. Ese es, sin duda, uno de los aspectos en los que debemos seguir trabajando para perfeccionar nuestra democracia.

No obstante estas debilidades, las ventajas de la democracia son mucho mayores cuando se comparan con el absolutismo de una dictadura o con los remedos de democracia en los que dictadores simulan elecciones libres, como venía sucediendo en Venezuela. Por eso, una vez realizada la primera vuelta presidencial en Colombia, es deber de todos aceptar los resultados.

Esta democracia, como todas, imperfecta, permitió reformar la Constitución para buscar dar voz y derechos a las minorías. También permitió que, con todas las garantías, fuera elegido y gobernara por primera vez un gobierno de izquierda.

Probablemente habrá segunda vuelta, y todos tendremos la oportunidad de escuchar a dos candidatos con menos ruido que el generado por tantos opinadores en el debate previo a la primera vuelta. La invitación ahora es a escuchar con seriedad, a instruirnos sobre las propuestas y los proyectos de país, que es lo que verdaderamente debería interesarnos a la hora de elegir.

Lo valioso de una segunda vuelta, si llega a darse, es que permite incorporar a las propuestas de cada candidato otras visiones de gobierno. También demuestra que, para ganar, es necesario construir consensos. Allí se fortalecen tanto el debate como la gobernabilidad, porque al final somos una mezcla de anhelos y necesidades tan diversas como nuestra geografía.

Con todos los errores cometidos y las debilidades del sistema, este domingo fue el pueblo quien se manifestó.

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