El irrespeto por las normas

Análisis sobre la falta de cultura ciudadana y el cumplimiento de la ley. Rodrigo Lara Sánchez reflexiona sobre cómo el irrespeto a las normas afecta la convivencia y el desarrollo social.

1/12/2026

Civismo y respeto por la normas
Civismo y respeto por la normas

En nuestra sociedad es usual ver de manera sistemática, cómo se traspasa la delgada línea que separa lo legal de lo ilegal. Por ejemplo, se infringen las normas de tránsito como si no existiesen, a pesar de tener más de 7 mil muertes al año por accidentes de tránsito, la gran mayoría de ellos evitables, producto de la desobediencia de las normas.

Este comportamiento se reproduce en todas las esferas de nuestra sociedad. Se transgrede la fila, se hace trampa a la hora de pagar impuestos, botamos la basura en donde no se debe, evitamos separar los residuos en casa, etc.

Si miramos el campo político, resulta alarmante lo que sucede. Bastaría con analizar no solamente la pasada campaña presidencial, también algunas anteriores, en donde recursos de dudosa procedencia de carteles de narcotráfico, clanes de la contratación y de verdaderas escuelas del crimen, como en el caso de “Papá Pitufo”, amo y señor del contrabando, aportaron a la financiación de la campaña. Hoy, gracias a ese apoyo, gozan de contratos multimillonarios y de prebendas como las acordadas en el Pacto de la Picota, en donde gracias a la “Paz Total” los otrora delincuentes, gozan del beneplácito del Estado.

En general este comportamiento social parece extenderse en gran parte de América Latina, en donde somos poco dados a seguir las normas. Contrasta con la capacidad de desarrollar una verdadera integración supranacional como la que tiene hoy en día la Unión Europea.

Probablemente se requiera más que educación, aunque hay que decir que en este campo falta mucho por avanzar en temas de pertinencia y calidad, así como en la formación en valores cívicos; también es necesario el fortalecimiento de la justicia, para que sea independiente y garante, y así poder hacer que el ciudadano del común confíe plenamente en ella.

Pareciera que no son suficientes las desgracias que hemos vivido, las cuales deberían bastar para que verdaderamente encontráramos un solo propósito nacional: el de mejorar la realidad que tenemos, en el marco de construir una cultura de la legalidad, base del desarrollo social y político de una nación moderna.