El precio que pagamos
El creciente costo de los medicamentos, especialmente los destinados al tratamiento del cáncer y enfermedades crónicas, representa un desafío para la sostenibilidad del sistema de salud colombiano. Fortalecer la industria farmacéutica nacional, impulsar la innovación y reducir la dependencia externa son claves para construir una política de salud con visión de largo plazo.
Rodrigo Lara Sánchez
9/28/20262 min leer


Esta semana fue publicado un dato que debería llamar profundamente la atención de todos: un solo medicamento le costó al país $919.023 millones, pagando un precio de $22,9 millones por unidad de pembrolizumab, proveniente de un solo laboratorio. Se trata de una molécula destinada al tratamiento del cáncer.
Cerca de la cuarta parte del gasto en medicamentos que realiza el sistema de salud se concentra en unos pocos productos, especialmente destinados al tratamiento del cáncer y de enfermedades crónicas, muchos de los cuales cuentan con patentes que los protegen durante varios años.
El incremento en el gasto en salud es real y seguirá aumentando durante los próximos años. Hoy representa cerca del 9 % del PIB, un poco por debajo del promedio mundial. Pero la presión económica que generan las nuevas moléculas y tratamientos, sumada a una población que envejece, debe llevarnos a plantear soluciones que vayan más allá de simplemente destinar mayores recursos.
El fortalecimiento de la industria nacional dirigida al sector salud debe ser una prioridad de este y de los próximos gobiernos. Es necesario construir una política clara que impulse la industria farmacéutica local, que hoy representa solamente el 13,1 % del gasto. Es decir, cerca de nueve de cada diez pesos que se gastan en medicamentos son captados por multinacionales extranjeras.
El mercado existe y su crecimiento es real, pero no podemos seguir dependiendo mayoritariamente de otros países para atender nuestras necesidades en salud. Existe una industria local, pero podría tener un papel mucho más importante si se articula con políticas públicas y con una visión de futuro que permitan su crecimiento y desarrollo.
Debe ser una prioridad establecer medidas que la impulsen: créditos en condiciones favorables, disminución de aranceles para la importación de tecnología que permita desarrollar capacidades propias, compromisos de compras locales y un mayor apoyo desde la ciencia, la tecnología y la innovación.
Ojalá esta necesidad sea entendida a la hora de construir el próximo Plan Nacional de Desarrollo y que esta voluntad quede plasmada en una verdadera carta de navegación que permita construir un mejor futuro para el bienestar y la salud de todos los colombianos.
