Financiación pública y transparente
La corrupción suele entrar por la financiación de campañas. Rodrigo Lara Sánchez analiza por qué urge un modelo público y transparente para garantizar gobernantes independientes.
Rodrigo Lara Sánchez
1/19/2026


Probablemente Carolina Corcho nunca podrá explicar de manera convincente cómo es que una empresa quebrada, de rimbombante nombre “Gusteue Chefcito”, aportó 738 millones de pesos en refrigerios a su campaña. De igual manera, tampoco sabremos cómo logró otra empresa casi inexistente, llamada “Samat Publicidad S.A.S.”, aportar 609 millones de pesos en publicidad a la campaña presidencial de Iván Cepeda.
No es un secreto que detrás de algunas campañas existen gigantes contratistas que aportan miles de millones de pesos, esperando recuperar su “inversión” una vez sus candidatos llegan al poder. Aclarando que lo que vemos es solo la punta del iceberg en lo que respecta a la financiación de campañas políticas.
Este panorama debería abrir el debate sobre la necesidad de implementar en Colombia una financiación cien por ciento pública de las campañas políticas. A largo plazo, resultaría mucho más barato para el país y permitiría equilibrar la balanza en materia de publicidad y recursos, haciendo la contienda electoral más justa y real.
El gran ganador sería la democracia. En primer lugar, se evitaría que carteles de la contratación sigan financiando campañas políticas. En segundo lugar, se abriría la puerta para que nuevos liderazgos tengan una verdadera opción de llegar al poder.
La gente suele quejarse de que siempre gobiernan los mismos, pero a la hora de votar lo hace por esos mismos que inyectan miles de millones a sus campañas. Los mismos que pagan cuantiosas sumas a medios de comunicación para favorecer sus aspiraciones, que compran líderes y votos, y que nos condenan al atraso y la pobreza.
Aún falta mucho para alcanzar el ideal de un debate político centrado en ideas y no manchado por el aporte de grandes sumas de dinero, en muchos casos de origen ilícito, como ocurre en democracias más desarrolladas. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es votar bien: asumir con responsabilidad nuestro derecho al voto y expresar nuestra opinión a favor de buenos candidatos, aquellos comprometidos con la transparencia y con el verdadero servicio de lo público, orientado al bien común.
