Firme y con decisión

Análisis al fenómeno político de Abelardo de la Espriella, el impacto de los ataques de la oposición y la coyuntura electoral en Colombia.

6/8/20262 min leer

Firme y con decisión
Firme y con decisión

Entre más lo atacan, más se fortalece; más crece el fervor. Esto le pasa a Abelardo de la Espriella, y no es más que el resultado de una campaña torpe de sus contrincantes, llena de bajezas e infamias, que olvida que el pueblo no es tonto y que la gente mide a sus gobernantes por sus resultados, pero que también ve más allá del egolatrismo y los disparates que a diario dice el presidente Petro, ya con el sol a sus espaldas, cuyo gobierno ha estado lleno de escándalos por corrupción, ineficiencia, nepotismo y mal gobierno.

Por eso no resulta extraño que, luego de la primera vuelta y al ver la caída en las encuestas, cambien de parecer y salgan a decir que eso no era lo que querían. Se lavan la cara pensando que lograrán mostrar un rostro distinto. Todos sabemos que el interés de una constituyente es cambiar las reglas para perpetuarse en el poder, quitar del camino a todo aquel que incomode y realizar reformas que solo funcionan dentro de su ideología, sin tener que debatirlas con la incomodidad de quien piensa diferente, como si el hecho de ganar una elección les diera el poder de olvidar que tenemos una democracia que garantiza el equilibrio de poderes.

Más allá de los insultos, no hay más que debilidad. Por eso debemos seguir acompañando y fortaleciendo, con total decisión, esta causa de Abelardo y José Manuel, sin dudar un solo instante, porque no hay otra opción para cambiar el rumbo de Colombia y así fortalecer la seguridad, mejorar la salud, combatir la corrupción, proyectar al país ante el mundo, mejorar la educación y alcanzar un crecimiento económico que nos permita sacar de la pobreza a miles de colombianos.

Usted es responsable de lo que pueda pasar. No deje en manos de otros la decisión de elegir; es lo mínimo que uno puede hacer en una democracia. Cualquiera que sea el resultado, es nuestro deber respetarlo, pues al final fue la voluntad del pueblo la que decidió.

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