Lo que faltaba

Critica la designación de figuras con procesos pendientes (mencionando a Quintero y Ospina) en los entes que controlan la salud de 11 millones de colombianos. Se advierte que la falta de vigilancia y la opacidad financiera en la Nueva EPS son el preámbulo de un colapso del sistema motivado por la mala gestión y el clientelismo.

4/20/20262 min leer

En medio de tantos profesionales serios, preparados, con experiencia y —estoy seguro— también transparentes, el gobierno de Gustavo Petro escogió a dos funcionarios cuestionados y con múltiples procesos e investigaciones para dos de los cargos más importantes y críticos en la actualidad: el de interventor de la Nueva EPS y el de Superintendente Nacional de Salud.

Y es que los nombres de Daniel Quintero y Óscar Iván Ospina se han asociado a diversos procesos por presunta corrupción, falta de transparencia y manejo irregular de la contratación durante su paso por las alcaldías de Medellín y Cali.

El problema es que, en medio de las múltiples dificultades que enfrenta hoy el sistema de salud, la salida planteada por el Gobierno —y lo evidencian estos nombramientos— parece ser la de profundizar la crisis. Es como si se le dejara al ratón cuidar el queso. No es un secreto el enorme poder que tiene el interventor de la EPS más grande del país: hoy, en manos del Gobierno, está la salud de más de 11 millones de colombianos.

Por otra parte, el cargo de la Superintendencia Nacional de Salud tiene la función de inspeccionar, vigilar y controlar el Sistema General de Seguridad Social en Salud; es decir, garantizar que los servicios lleguen a los usuarios y que los recursos se administren adecuadamente por las EPS y las entidades territoriales encargadas de la prestación de los servicios. Allí radica, precisamente, una de las principales fallas del sistema actual: la falta de vigilancia y transparencia en el manejo de los recursos.

Por ejemplo, tres años después de que la administración de la Nueva EPS pasara a manos del Gobierno, aún no se conocen con claridad sus estados financieros ni su verdadera situación económica.

No quiero ni imaginar cómo terminará esta historia, pero lo cierto es que, si la intención era dar soluciones a miles de usuarios y responder a sus quejas, el resultado de estas decisiones, desafortunadamente, podría ser el de terminar por enterrar el sistema de salud y agravar la situación de muchos colombianos que hoy carecen de medicamentos y de una atención oportuna y adecuada.