Una nueva amenaza

La expansión del uso indebido de ketamina entre jóvenes plantea un nuevo desafío para la salud pública. Frente al crecimiento del mercado ilegal de drogas sintéticas, la prevención y la educación deben ocupar un lugar central, sin afectar su utilización legítima en la medicina veterinaria.

10/5/20262 min leer

Una nueva amenaza
Una nueva amenaza

Esta semana, en Estados Unidos, salió a la luz pública un caso de abuso sexual contra una estudiante en una de las residencias estudiantiles de la prestigiosa Universidad de Cornell.

Un hecho repudiable desde todo punto de vista, pero que también deja en evidencia el problema de las drogas sintéticas entre los jóvenes, como la ketamina, un anestésico disociativo utilizado con frecuencia en la práctica clínica hospitalaria, tanto humana como veterinaria, droga a la que fue expuesta la joven antes de su abuso. Esta sustancia genera desconexión corporal y depresión del sistema nervioso central, pero, si se utiliza de manera inadecuada, puede producir graves consecuencias e incluso la muerte.

Dado que es relativamente barata y se consigue con facilidad en un mercado ilegal que cada día cobra más fuerza, esta nueva tendencia implica un reto adicional en la ya infructuosa lucha contra las drogas.

Y es que, debido a su uso frecuente en clínicas veterinarias, las restricciones a su comercialización impuestas hoy en día generan dificultades para muchos prestadores de servicios de atención animal, especialmente aquellos que atienden zonas apartadas y vulnerables. Estos terminan pagando los platos rotos de un mercado negro que desvía el uso de esta sustancia hacia fines recreativos.

Al igual que con otras drogas, el enfoque debe estar más orientado hacia la prevención. Se necesita una educación sólida que muestre los efectos del uso inadecuado de estas sustancias, que pueden llegar a ocasionar daños graves y permanentes.

Es urgente que el sistema educativo se involucre de lleno en acciones y campañas de prevención que orienten a nuestros jóvenes sobre los efectos negativos del uso de estas drogas. No hablar de estos temas actuales es permitir que el negocio siga fortaleciéndose soterradamente, mientras se destruyen vidas por la presión que se ejerce sobre jóvenes impulsados a consumir sustancias como la ketamina.

Por otra parte, este estricto control y seguimiento no debe entorpecer la prestación de los servicios de salud que ofrecen miles de veterinarios, quienes encuentran en esta sustancia una herramienta accesible y eficaz para atender a los animales. De lo contrario, se podría terminar impulsando aún más el crecimiento de un mercado negro manejado por estructuras criminales.

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